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Reseña de Lina de Feria

07 Nov

En la plaza de Liudmila Quincoses

Lina de Feria • La Habana

Jalonada de centros vitales, la poesía de Liudmila Quincoses ha traído un sello individualizador a la poética nacional. Nacida en Sancti Spíritus en 1975, Liudmila ha transitado por un camino revelador en el que no hay imposiciones, sino acomodo natural de un talento múltiple que se evidencia en libros como Un libro raro, de 1995; Los territorios de la muerte, de 2001; y Poemas en el último sendero, de 2002.

Nuestro interés recae en estos momentos en su totalizadora “Plaza de Jesús”, libro concebido diestramente, con el proyecto intelectual a cuerda viva, dándole carácter al estilo compositivo de la poeta.

Un poema preliminar, especie de aviso poético, introduce al “Atrio” y ya allí se entra en la materia misma del trasmundo descrito en el detalle, en el que el poema “La fundación”, con esencia nostálgica, nos revela los secretos de la autora: “Todo esto era polvo, simple polvo antes de mi llegad./ Yo he levantado el huerto, como una tristeza antigua/ en medio del pecho he sembrado mi casa./ Que dibujaré con mis manos que bautizaré con mi nombre”.

Así lo panorámico, llevado a la sima de lo exacto, del detalle evidente, va introduciendo una cosa en otra, de tal forma que las señales de la ciudad, nos llegan por todos lados: arco, muro, el patio, la puerta del cementerio.

Revela en los versos bien conectados por una ilación técnica de alta calidad, el sustrato de su imaginar: “Bajo el techo verde de la Pérgola (colgaré mil pájaros prendidos por hilos invisibles. /Quiero un sótano ancho. / Necesito una máscara.”.

La gota filosófica permea el sentido de “Apocalipsis, esplendor”, y ya su pensamiento se adentra en campos de hondura y en temáticas eternas: “Acostada en esta cama hermosa y antigua/ pienso en la madera que me servirá de ataúd, / y en el árbol, bendecido por la lluvia/ creciendo el bosque/ ignorando que un día/ contendrá este cadáver.”

Liudmila se inscribe, no en una poesía pastoril, sino que las demarcaciones van a estar bien centradas en preocupaciones metafísicas, a las que arriba desde la esquina misma de un arco, de un paisaje de la ciudad.

No es su poesía, poesía de maelstroms, sino que utilizando, lo que

Lezama llamaría “el paso breve”, se arriba en su poesía a una exultación del hombre y a un acabado acontecer de la vida.

Hay que ver cómo lo religioso va a ser tocado con finura, con aquella

“imantación” de la que hablara Fina García Marruz en “Ánima viva”, y pueden contener los versos el preciado espectro de luz de una imagen: “Los ojos abiertos de la madonna tenían/ una expresión de placidez, que adorábamos en silencio”. Y después, cierra el poema de “Cabeza para un ángel” con esas fantasiosas líneas en las que describe “María de los ángeles/, adorada por un loco, preservada por Dios para mis ojos,”.

Con las secciones “Habitaciones mágicas” y “En el jardín cerrado jugando con la muerte”, “Plaza de Jesús” renueva la temática observadora del hombre y su contorno, en versos sin bloques diafragmáticos, sino que todo el poemario está recorrido, sin laxaciones, por un espíritu de alta delicadeza, en la que se observan cierres magistrales y versos “para recordar”: “Aquí no hay nada/ vuelvo al reflejo de la tarde sobre la moneda/ No hay nada.”

Una especie de realismo mágico se va apoderando del discurso donde Liudmila, bien asentada en el decir castellano, no se reduce a una poesía de rincones o pueblerina, sino que tácitamente lo urbanístico mezclado con el paisaje propio de la ciudad, van a darnos las alternativas suficientes para siempre quedar sorprendidos con su imaginario poético.

Hay que agradecer esta “Plaza de Jesús” a Liudmila Quincoses, porque no será en lo residual, en la minucia, donde nos atrape más el libro, teniendo, pues, esa conjunción de sesgo refinado y pensamiento sólido, los lugares donde nos plena más la poeta.
Sigue Liudmila entronizada entre lo mejor de la poética actual, y deberemos buscar con atención sus próximos libros que vendrán, porque con sus 33 años, ya su madurez expresiva contiene los niveles que la sitúan en la experiencia maravillosa de un verdadero hálito creador.

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Publicado por en noviembre 7, 2011 en Uncategorized

 

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